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Poesia Y Política
Blog de RicardoLuis Plaul
05 de Mayo, 2010    Cooperativismo

Cooperativismo y Economía Social


Cooperativismo y Economía Social

Mucho es lo que se ha escrito sobre el movimiento cooperativo y la economía social, pero la experiencia nos muestra que nunca estará dicha la última palabra sobre el particular. Es lo suficiente importante el tema que sobrepasa lo que se pretenda expresar en solo un encuentro.

Es tan trascendental el significado de la cooperación -tanto desde su origen como hasta el presente- que ha conseguido sostener su vigencia en el universo de un mundo cambiante, adecuando su accionar de servicio en todas las circunstancias, sin adaptarse a los sistemas reinantes y manteniendo una pureza doctrinaria, que -junto a los beneficios económicos- construye socialmente una visión distinta que contribuye al desarrollo de la sociedad.

De lo que significa la cooperación si la analizamos desde los principios que la rigen, y teniendo en cuenta sobre los mismos que estamos enrolados dentro de la corriente sostenida por la Alianza Cooperativa Internacional, mucho podemos decir sobre ella porque conocemos los alcances logrados por un sector muy importante de cooperativas, que marcaron y siguen marcando con su manera de actuar el eje subjetivo de su accionar, que no es otro que servir al individuo como persona humana.

No es fácil en el tiempo que dura una charla hacer un resumen de la trascendencia que tienen dos factores, cooperativismo y economía social, que enlazados, llevan a determinar un orden económico y social aun no totalmente conformado y entendido cabalmente, quizás no alcanzado a explorar porque involucra un ámbito que en ninguna instancia puede ni debe ser ignorado; Nos referimos al individuo como persona y las consecuencias que pueden beneficiarlo o perjudicarlo en su manera de vivir.

Distintas modalidades o corrientes que adhieren con diferentes enfoques de la realidad que vive cada país, donde la mayoría de ellas lo hacen dentro del mismo concepto doctrinario adecuándose sin adaptarse al medio, para resolver los problemas del individuo con un amplio sentido de lo social.

Cuando se producen diferentes enfoques o lecturas de la doctrina cooperativa es por diferentes visiones ideológicas que luego se manifiestan en la actividad de la cooperativa como tal. Por lo tanto, insistimos, todo análisis que se intente hacer sobre la cooperativa debe tener un alto índice de subjetividad.

Al pretender introducirnos hoy en la problemática que nos incumbe al hablar como cooperativistas, lo primero que tenemos que definir analizando, es que entendemos por cooperativismo.
Por eso nos parece oportuno y conveniente si coincidimos en ese análisis, que dediquemos el tiempo suficiente para reflexionar acerca de si los principios y la doctrina cooperativa tienen aún vigencia, pues si nos atenemos a los propagandistas del pensamiento único, el desarrollo cultural, social y económico alcanzado por la sociedad actual -fundamentado en el capitalismo neoliberal vigente casi a nivel mundial-, la humanidad habría alcanzado su horizonte y se proyecta sin oposición ni resistencia.

Entendemos que corresponde a los cooperadores, en primera instancia, hacer un relevamiento preciso sobre la aplicación de los principios cooperativos y si son tenidos en cuenta para que esos valores universales se expresen en la acción de entidades que tienen una sola premisa: el servicio en beneficio de las personas, sujetos esenciales de la cooperativa.

El idioma universal que lleva el sello de la solidaridad, como empresa de economía social, nos va diciendo con franqueza -porque no puede hacerlo de otro modo- que cuando se elaboran objetivos concretos en la entidad cooperativa, los avances solo se concretan cuando se realiza una correcta aplicación de los principios.
Aquí es bueno recordar algunas cosas, porque a veces notamos que la realidad es otra, inmersas en el mundo capitalista neoliberal, como reflejo del régimen dominante en la mayor parte del planeta, muchas cooperativas han tomado el camino de la adaptación al sistema, incluyendo en su labor cotidiana los vicios y los males de las entidades capitalistas, confundiendo el sujeto con el objeto.

Si así sucede, se estaría fallando en la lectura e interpretación de lo que antes decíamos que debería hacerse, equivocando el camino y adoptando maneras de actuar que no se ajustan al pensamiento subjetivo implícito en la gestión cooperativa. La disyuntiva sigue existiendo aún hoy entre lo que significa - si bien puede aparecer como un juego de palabras - la cooperativa empresa o la empresa cooperativa, partiendo de la base de dónde empieza y cómo termina su función.

Son dos modelos distintos de entidades que no responden a la misma esencia. Por un lado, está la cooperativa empresa, estructurada como un fin en sí mismo sin colocarse en objeto, como debería ser, adaptándose al sistema dominante, constituyéndose en empresa económica al mejor estilo capitalista, olvidando el sujeto social que es el asociado de la misma.

Por el otro, está la empresa cooperativa, respetuosa de los principios cooperativos, que tiene al asociado como el centro de sus servicios en la actividad y lo trata con equidad y solidaridad en su preocupación por los demás, trabajando como objeto junto a él para cambiar el modelo que lo perjudica y tratando de transformar la realidad si esta realidad lo subyuga, siendo allí, cuando comienza a desempeñar un importante papel al conjugar las preocupaciones económicas con las preocupaciones sociales y ambientales.

Queda claro que esta última es la que va a tener las mayores dificultades para actuar dentro del sistema capitalista, pero puede funcionar y ser exitosa, porque sin adaptarse al sistema puede nutrirse del apoyo de los asociados trabajando para servir a ellos.

Por lo tanto, la base de sustento de la cooperación ha sido y será la correcta aplicación de los principios que privilegian lo colectivo por sobre lo individual, enmarcados dentro del universo conceptual de la solidaridad, precepto único que no admite la alquimia de pretender integrar al sujeto, la persona humana, con el capital, en una mixtura ambivalente que jamás podrá fraguar.

En definitiva, debemos tener en cuenta que son únicamente esos principios cooperativos los encargados de amalgamar lo económico con lo social; por lo tanto, en la medida en que no sean saldadas las viejas cuentas de la sociedad, en la medida en que la justicia social y la solidaridad sigan siendo sólo un objetivo a cumplir, y en la medida en que el disfrute del progreso y la tecnología no sea un justo bien de los pueblos, la cooperación bien entendida como transformadora de la sociedad seguirá teniendo plena vigencia.

Sabido es que las cooperativas tienen que actuar en un marco legal que no les es favorable; por lo tanto, no es fácil desarrollar entidades solidarias con legislaciones o reglamentos que no las contemplan como tales. Pero, por duro que sea el diagnóstico, la propuesta debe ser la lucha y la reivindicación del movimiento, una herramienta en la defensa de los intereses de la mayoría de los cooperadores y un instrumento imprescindible para la construcción de una sociedad que privilegie la ayuda mutua, la solidaridad y la equidad.

Por eso podemos decir como definición de la Cooperación que ésta pretende ser una Escuela de Vida, entendiendo que cuando sugiere transformar la sociedad, no pretende otro método que el cambio cultural a través de la modificación de la manera de pensar y actuar de los individuos.

Lo logrado hasta la actualidad por el sector cooperativo es digno de destacar, pero lo realizado no alcanza: hay factores predominantes, como la integración de las entidades cooperativas, que si bien pueden haberse encarado con visos de avanzada, aún no fructificaron lo suficiente para llegar a ser el exponente real que demuestre la capacidad de construir modelos alternativos que por su peso específico tengan amplia gravitación en lo social y económico.

No ha sido casual el análisis que hiciera la Alianza Cooperativa Internacional en su Congreso Centenario de 1995, al fijar la renovación del alcance de los principios cooperativos, proponiendo en uno de ellos la integración cooperativa.

Una integración cooperativa que debería ser el ariete que con su ataque encolumne al movimiento cooperativo, detrás de dos objetivos claros que permitan el desarrollo integral del sistema solidario: lo operativo y lo institucional.

Lo operativo, construyendo el eslabón integrante de la cadena que permita arrastrar a las entidades en la tarea de unir las distintas etapas de los ciclos económicos, especialmente en las áreas de producción y comercialización, para resolver las necesidades de sectores importantes de la sociedad y lograr el abastecimiento de servicios en calidad y precio que los coloque al alcance de todos. Lo institucional, laborando como actores de procesos sociales que, devenidos en movimiento, se incorporen y manifiesten su interés por la comunidad trabajando junto a ella, en el apoyo solidario para la resolución de diversos problemas que directa o indirectamente la afecten.

La integración no debe pretender uniformar al movimiento cooperativo detrás de parámetros y pensamiento comunes; pero sí, conservando la autonomía propia de las entidades, elaborar proyectos conjuntos, consensuados, avanzando en el afianzamiento de ideales que manifiesten salidas concretas para el mejoramiento en la calidad de vida de las personas y a la vez contribuyan a una equitativa distribución de la riqueza.

La función de servicio en todo momento debe atravesar la vivencia y ser vigencia del acto cooperativo, en la conformación de individuos inspirados en otra manera de pensar y de actuar en beneficio de ellos mismos y de los demás, como expresión del sentido humanista y solidario que deberá imperar en la sociedad para aspirar a un mundo mejor, que merezca ser vivido.

Definido este pensamiento, sin embargo, en determinadas oportunidades suele entenderse la cooperación como expresión exclusiva de la economía social, cuando en realidad es sólo uno de los componentes -si bien considerable - dentro de la conjunción de las empresas solidarias sin fines de lucro.

En principio, se puede decir que el propio término Economía Social puede resultar reiterativo, pues acaso toda la economía reviste un carácter social, ya que existe para satisfacer necesidades sociales, ya sea como un fin en sí mismo o como medio para lograr la obtención de beneficios. Sin embargo, es una expresión que en estos momentos está plenamente asumida como concepto que refiere al sector de la economía que engloba aquellos sectores sociales que intentan encarar la producción con una organización radicalmente diferente a la de la empresa capitalista, porque también son diferentes los valores y objetivos que los sostienen.

En este universo quedan comprendidas una gran variedad de organizaciones, sectores sociales y actividades de muy distinta conformación y objetivos, pero que comparten una cantidad de características que se entienden como requisitos indispensables para integrar el sector de la economía social.

Por lo tanto entendemos que el campo de la economía social es amplio y muy complejo y dinámico a la vez, por lo tanto, las ciencias sociales están lejos de encontrar criterios universales para determinarlos; al sostener ser entidades sin fines de lucro, transitan en el colectivo imaginario en un espectro tan difuso que va desde los sectores marginales y pasando por el cooperativismo llega hasta las empresas públicas.

Desde el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, en la Propuesta para construir un país con mas democracia y equidad distributiva, las hemos tenido en cuenta en un rol fundamental en el diseño de un nuevo modelo de país, designándolas como motores de un sector social incluyente dentro de la sociedad, en la intención de contribuir al cambio social; allí hablamos de la necesidad de establecer un sector de "Economía Social", claramente definido como las "Empresas públicas y las Solidarias", en la creencia que tienen que cumplir un rol clave en los sectores estratégicos; no constituir cooperativas solo para hacer la recolección de residuos de los fracasos de los empresarios, haciendo entonces una cooperativa de trabajo para salvar puestos de trabajo, no.

Hacer cooperativas para trabajar y desarrollarse en áreas claves de la economía, en la energía, en los servicios públicos, en los bienes industriales estratégicos, en sectores de punta en los servicios, de salud y científicos-tecnológicos.

Pero para realizar estos cambios en la sociedad la cooperación sola no alcanza; no puede ser el único elemento componedor de situaciones cuando de ello se trate. Allí debe intervenir además el Estado como integrante de la tríada, para que -junto a la integración del movimiento y las cooperativas-, y a través de un sector integrado por empresas públicas gestionadas con eficiencia, con distintas estructuras en su conformación, y con una dirección compuesta, -además del Estado- por los trabajadores y los usuarios, que son en definitiva los principales interesados en que esas empresas cumplan adecuadamente con su función, amalgame el conjunto de medidas que modifiquen el estatus actual cambiando el perfil del contexto social.

De esa manera sí podríamos intuir con claridad meridiana, que se comienza a construir verdaderamente el sector de la economía social propiamente dicha. Y, como factor y actor de una nueva realidad, pueda modelar el país con otras alternativas que permitan cortar de una vez por todas el cordón umbilical que nos une al flagelo de la economía de mercado, instalada hace décadas por el neoliberalismo, que tanto daño le ha causado al campo popular, representante fiel y genuino de los más que menos tienen.








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publicado por ricardolplaul a las 14:37 · Sin comentarios  ·  Recomendar
 
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