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Poesia Y Política
Blog de RicardoLuis Plaul
12 de Noviembre, 2011    política

EEUU: una democracia sólo de nombre

Paul Krugman / Economista norteamericano.
Profesor de Economía en Princeton y premio Nobel de Economía en 2008.
"Nos convertimos en una democracia solo de nombre"
A la profunda crisis habitacional,
ahora se suma la crítica situación
por el empleo.
La desigualdad vuelve a ser noticia, en parte gracias al movimiento de Occupy Wall Street, pero esta vez con la ayuda de la Oficina de Presupuesto del Congreso. Y ustedes saben lo que eso significa: ¡Es hora de desplegar a los indignados!

Cualquiera que haya seguido estos temas en los últimos tiempos sabe a qué me refiero. Siempre que las crecientes disparidades de los ingresos amenazan con entrar en el centro de la escena, un conjunto de siempre dispuestos defensores a ultranza del status quo tratan de volver a sembrar confusión en el tema. Los think tanks se apresuran a publicar informes alegando que la desigualdad no es realmente el tema, o que, en definitiva, no importa. Los expertos tratan de ponerle una cara más benigna al fenómeno, afirmando que en realidad no se trata de ricos contra el resto sino de educados contra los menos educados.

Así que lo que usted necesita saber es que todas estas afirmaciones son, básicamente, intentos por ocultar la cruda realidad: Tenemos una sociedad en la que el dinero se concentra cada vez más en manos de unas pocas personas, y en el que la concentración del ingreso y de la riqueza amenaza con convertirnos en una democracia sólo por su nombre.

La oficina presupuestaria presentó una parte de esta cruda realidad en un reciente informe, documentando una marcada disminución en la proporción de los ingresos totales que termina en manos de los sectores bajos y medios de la sociedad estadounidense. A USA aún le gusta pensarse a sí misma como un país de clase media. Sin embargo, con el 80% del país recibiendo menos de la mitad de los ingresos totales, aquella es una visión que cada vez más no se condice con la realidad.

En respuesta, los sospechosos de siempre han desplegado algunos de los conocidos argumentos: los datos son erróneos (no lo son), los ricos son un grupo siempre cambiante (no tanto), y así sucesivamente. El argumento más popular en este momento parece, sin embargo, ser la afirmación de que no puede que no sea "una sociedad de clase media", pero sí sería "una sociedad de clase media alta", con una clase trabajadora altamente capacitada, con habilidades más que suficientes para competir en el mundo moderno, al que le esté yendo muy bien.

Es una bonita historia, y mucho menos incomoda que la imagen de una nación en la que un grupo mucho más pequeño de ricos es cada vez más dominante. Pero no es cierta.

A los trabajadores con títulos universitarios efectivamente les ha ido, en promedio, mejor que a los trabajadores que no cuentan con un diploma, ampliándose la brecha entre ambos grupos con el paso del tiempo. Pero los estadounidenses altamente educados de ninguna manera han sido inmunes al estancamiento de ingresos y a la creciente inseguridad económica. Los aumentos salariales para la mayoría de los trabajadores con educación universitaria han sido mediocres (y casi inexistentes desde el año 2000), e incluso los "bien educados" ya no pueden confiarse en conseguir un trabajo con buenos beneficios. En concreto, por estos días, los trabajadores con un título universitario, pero sin postgrado, tienen menos probabilidades de obtener un empleo con cobertura de salud que las que tenían los trabajadores con nada más que un diploma secundario en 1979.

Entonces, ¿quién está quedando con las grandes ganancias? Una muy pequeña minoría rica.

El informe de la oficina de presupuesto nos dice que prácticamente la totalidad de la redistribución hacia arriba de los ingresos de la parte inferior (el 80%) ha ido a las personas de más altos ingresos (el 1% de los estadounidenses). Es decir, los manifestantes que se retratan a sí mismos como representantes de los intereses del 99% están básicamente en lo cierto, mientras que los expertos que les aseguran que en realidad se trata de la educación y no de las ganancias de una pequeña élite, están totalmente equivocados.

En todo caso, los manifestantes quedan cortos. El último informe de la oficina de presupuesto no ve más allá del 1%. Pero un anterior informe, que sólo iba hasta el año 2005, encontró que casi dos tercios de la creciente participación del percentil más alto de los ingresos efectivamente iba al 0,1% de la población, o sea, los pocos miles de estadounidenses más ricos, que vieron sus ingresos reales crecer más del 400% durante el período comprendido entre 1979 y 2005.

¿Quién está en ese 0,1%? ¿Son los heroicos empresarios que crean puestos de trabajo? No, en su mayor parte, son ejecutivos de empresas. Las recientes investigaciones muestran que alrededor del 60% de ese 0,1% o bien son ejecutivos de empresas no financieras o hacen su dinero en las finanzas, es decir, Wall Street en sentido amplio. Súmele a los abogados y las personas en el sector inmobiliario y estamos hablando de más del 70% de los miembros del club de afortunados del 0.1%

Pero ¿por qué importa esta creciente concentración del ingreso y la riqueza en pocas manos? Parte de la respuesta es que la creciente desigualdad ha creado una nación en la que la mayoría de las familias no comparten plenamente el crecimiento económico. Otra parte de la respuesta es que una vez que uno se da cuenta de lo mucho más rico que los ricos se han convertido, el argumento a favor de un aumento de los impuestos a las rentas más altas como parte de cualquier acuerdo sobre el presupuesto a largo plazo se convierte en mucho más convincente.

La respuesta más trascendente, sin embargo, es que la extrema concentración de la renta es incompatible con la democracia real. ¿Alguien puede seriamente negar que nuestro sistema político está siendo deformado por la influencia de enormes cantidades de dinero, y que la deformación es cada vez peor a medida que la riqueza de unos pocos se hace cada vez más grande?

Algunos expertos todavía están tratando de desecar las preocupaciones sobre la creciente desigualdad tildándolo de absurdo. Pero la verdad es que toda la naturaleza de nuestra sociedad está en juego.



*Artículo publicado en The New York Times (5.11.11).

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publicado por ricardolplaul a las 08:58 · Sin comentarios  ·  Recomendar
 
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